Valdeorras, Ribeira Sacra profunda

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Entre los profundos valles del Sil y el Miño se esconde esa parte de Galicia que cruza la frontera entre Lugo y Orense y que a penas conocemos. No tiene costa o una catedral de peregrinaje, pero invita a adentrarse en un mundo en el que las condiciones de la naturaleza crearon un medio extraordinario, atractivo y de inusual belleza. Se trata de la Ribeira Sacra, un paisaje cargado de historia, cultura y tradiciones milenarias que te absorbe a medida que te profundizas entre bosques de especies atlánticas como abedules, alisos o robles o incluso olivos, alcornoques y madroños más típicos del clima mediterráneo.

Pueblos como Monforte de Lemos con el Colegio de Nosa Señora da Antiga, el Conjunto Monumental de San Vicente do Pino y el Convento de las Clarisas; Sober con el Santuario dos Remedios de Cadeira; y Castro Caldelas con el castillo medieval que asoma al precipicio del cañón del Sil, se reparten a lo largo del territorio.

Sin embargo, existe una particularidad que hace de Ribeira Sacra una zona única. La verticalidad de sus paredes y los grandes desniveles permite el cultivo del vino en “pendiente”, es decir, en terraza. Esta forma de cultivo antes obligaba a recoger la uva a mano y ahora a través de un mecanismo de raíles o incluso en embarcaciones si se encuentra cerca del paso del río.

Se trata de una tradición que se remonta más de 2.000 años, a la época de los romanos,  siendo un elemento clave de la colonización monástica en toda la Ribeira Sacra. Los monjes lo cultivaron y perfeccionaron, comenzando a modelar el extraordinario paisaje con las terrazas. Las posteriores poblaciones han continuado manteniéndolo hasta nuestros días.

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De esta manera, nace la Denominación de Origen Ribeira Sacra en 1997 y de un Consejo Regulador que supo darle estímulo y calidad al vino. Con 1.550 hectáreas dedicadas a viñedo y un 5,2 % del total del suelo gallego destinado a la producción de vino, la Ribeira Sacra cuenta con cinco subzonas: Chantada, Ribeiras do Miño, Amandi, Ribeira do Sil y Quiroga-Bibei.

Para la elaboración del vino destacan las uvas godello, albariño y treixadura (en blancos) y mencía, brecellao y marenzao (en vinos tintos). Son fundamentalmente vinos jóvenes, aunque se producen también tintos de crianza. La evolución de las bodegas en los últimos años ha sido impresionante. En 1992 existían 30 bodegas, 71 bodegas en el año 2000, 89 bodegas en el 2002 y en 2005 llegan a 99 establecimientos bodegueros, que produjeron 4.698 kg de uva en la cosecha de ese año (entre la cual más del 75 % es mencía).

Viñedos de tradición

Cerca de esas espectaculares paredes de viñedos, se encuentra el valle de Valdeorras (Ourense). Una comarca formada por la singularidad y belleza de los pueblos que la conforman: O Barco de Valdeorras, O Bolo, Carballeda de Valdeorras, Larouco, Petín, Rubiá, A Veiga, Vilamartín de Valdeorras y A Rúa de Valdeorras. Algunos de estos pueblos como O Bolo cuentan con verdaderas joyas arquitectónicas como el Santuario de As Ermidas. Declarado Bien de Interés Cultural (BIC), corona una roca natural situada al fondo de la garganta formada por el río Bibei.

Valdeorras fue tierra de paso de legiones romanas, de peregrinos en busca de la tumba del Apóstol Santiago y de campesinos de todos los lugares, y ahora es también una Denominación de Origen que nació el 27 de julio de 1945 por orden del Ministerio de Agricultura. Una denominación que apostó por la calidad y por el reencuentro con la tradición del cultivo del vino y encontró en la variedad Godello su mejor aliado para devolver a estas tierras el esfuerzo realizado por la cooperativas que iniciaron este camino.

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En el pequeño pueblo de A Rúa de Valdeorras, por donde aun pasa el ferrocarril que en la antigüedad le dio mayor visibilidad, en lo alto se encuentra la Bodega Alan de Aval. De tradición familiar nació en 1993 y en 2006 se construyó la nueva bodega, enclavada en la comarca de Valdeorras y formada por la Finca “Pedrazais” y A Costiña, donde maduran orientadas al sur las uvas de Brancellao o las Garnachas viejas de Escada.

Sus variedades por excelencia son Godello, Mencía y Brancellao,aunque también hacen vinos de finca, lo que les da al año una producción de 50.000 litros de vino. Una parte de ellos se exporta a Reino Unido, Alemania e incluso con previsiones de hacerlo a Japón. Pero también las ciudades españolas se benefician de los sabores de sus vinos (Madrid y Barcelona, entre otras). La finca fue plantada en 1996, abarcando 1,5 hectáreas de viñedo en espaldera, de las cuales 6.000 metros cuadrados son de uva godello. Sus vinos están acostumbrados a temperaturas de hasta 38 grados de día y 8 grados de noche.

Las espectaculares vistas desde la bodega y el trato familiar de Joaquín Sánchez y su familia merecen una parada obligada a degustar un Godello 2012, si se quiere repetir más de una copa, o un Mencía 2011 si se quiere disfrutar del vino, acompañados siempre por la gastronomía típica de la zona, como la empanada de costillas o la mermelada de castañas. El pueblo también es protagonista de la Feria del Vino de Valdeorras,que este año celebró su 16º edición en el mes de julio.

* Fuente: EP

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