Casa Aldaba, un rincón con embrujo

En uno de los rincones más asombrosos de la comunidad de Madrid, la conocida como Sierra Pobre, y junto a una reserva de la biosfera, Casa Aldaba es un encantador alojamiento rural. La historia de Ignacio con el pequeño pueblo de La Hiruela, uno de los más cuidados y auténticos de la comunidad de Madrid, es algo así como una relación de amor que ha evolucionado lentamente. Aparejador convertido en hostelero (y en político local al hacerse alcalde de esta aldea), conoció La Hiruela por trabajo y se enamoró de su aislamiento y de la autenticidad de sus calles y sus casas, así que primero se instaló aquí alquilado, luego compró una casa particular y lo último que ha hecho es dinamizar su vida social con un hotelito rural de esos para guardar en la agenda de rincones secretos.

Casa Aldaba se posiciona como la propuesta más refinada y romántica de todas cuantos hemos visitado en la zona. Situado en la parte alta del pueblo, en un antiguo pajar que Ignacio consiguió adquirir tras muchas negociaciones vecinales, su restaurante está situado en la parte baja de la antigua construcción, mientras que los tres apartamentos de los que dispone se sitúan en la entreplanta y en el antiguo ático, que mantiene la estructura original del tejado para asombro de sus afortunados inquilinos.

Autenticidad y confort

La decoración de Casa Aldaba ha sido cuidada con un ambiente provenzal en el que la comodidad ha sido la máxima a seguir, y el confort es absoluto. Cada apartamento dispone de su habitación individual y de una zona de estar equipada con una pequeña cocina, una mesa en la que hacer vida y una chimenea alrededor de la que dejar pasar las horas. Acogedor y sencillo, el mantenimiento de la más absoluta autenticidad y respeto por las construcciones de la zona ha sido la máxima en la reforma de todo el edificio, y eso hay que valorarlo.

En el restaurante los tonos claros inundan el mobiliario, con abundancia del blanco roto en la madera. La chimenea comparte protagonismo con una inmensa roca que pertenece a la propia montaña en la que se alojaba la vivienda y que ha sido respetada e integrada como un elemento decorativo más. Al otro lado de la barra uno de los rincones cuenta con una pequeña librería gastronómica del propietario, pues Ignacio es un chef curioso al que le gusta innovar.

La crónica completa y mucho más en ESD.

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Archivado bajo Casas rurales, Cocina sincera, Hoteles, Restaurantes

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