
La tradición del asado castellano realizado en Aranda del Duero es ancestral. Se utiliza un horno de leña que debe permanecer a 180º y que se ha calentado durante toda la semana. Su elaboración se basa sólo en la calidad de la materia prima y en la habilidad del maestro asador porque solamente se pone el cuarto de lechazo, cubierto por su propio “epiplon” o ligera “telilla” de grasa sobre un recipiente de barro. Luego se añade algo de sal y al horno. Para estar incluido en la IGP los corderos deben cumplir una serie de características tales como pesar entre 4 y 8kg, su grasa externa debe ser de color blanco céreo, el color de la carne blanco nacarado o rosa pálido y tener una carne muy tierna. Sólo pueden pertenecer a la raza Churra, Ojalada o Castellana, autóctonas de Castilla y León y cuya Mesta, o asociación de ganaderos, ya fue reconocida por Alfonso X el Sabio. Son corderos exclusivos y deben ser tratados como tales, trasladados en vehículos que no dañen su integridad física ni su enorme fragilidad. Cuidando la cadena de frío para que no sufran el más mínimo deterioro y señalados con una chapa metálica numerada en la que figura el logotipo del Consejo Regulador y las indicaciones que permiten la identificación del producto protegido. ¡Menudo plan!
Casa Florencio (Isilla, 14. Aranda de Duero. Tel. 947 50 01 30)

